La isla bonita
Creo que Madonna se equivocaba... ni Mallorca, ni Spanish Lullaby ni leches, la auténtica isla bonita es Irlanda. Lo he podido comprobar este fin de semana. Por fin, alguien se lanzó a planear una escapada turística a Galway, Connemara y Westport. No nos lo podíamos perder...
El viernes salimos a las tres de la tarde en dirección a Galway. Como el bus tardó unas cinco horas en llegar, era ya un poco tarde, así que sólo vimos Galway de noche. El hotel en el que nos alojamos, en frente de la estación, era un sitio que invitaba a relacionarse. Ya en la cocina, mientras preparábamos la cena, estuvimos hablando con unos neoyorkinos muy majos. Además, Lola y yo compartíamos habitación con un par de desconocidos. Uno era un polaco llamado Bart del que apenas supimos nada porque estaba intentando dormir. El otro era un tipo tan estrafalario como simpático, mitad sudafricano y mitad francés, que tocaba la guitarra y hasta nos dio su e-mail para que nos volvamos a ver. Después de la cena, fuimos a un pub muy irlandés con música en vivo (aunque no precisamente celta
) un ratito. Tuve que matar a unos cuantos para conseguir una Kopparberg, pero mereció la pena.
Al día siguiente, tras el desayuno, cogimos otro bus para visitar el Parque Nacional de Connemara, uno de los paisajes más impactantes que he visto en mi vida. No me detendré a describirlo, porque ya se dice que una imagen a veces vale más que mil palabras...
Esa es la vista desde la montaña a la que subimos (Jorge, me acordé un montón de ti). Fue cansado, pero las vistas eran espectaculares. Lo malo fue la bajada... ¡qué vértigo! Menos mal que Lola y Cécile me ayudaron, si no no sé qué habría sido de mí...
Tras el bucle de 4km, bajamos a Letterfrack, un pueblecito cercano al parque con una siniestra historia. Al parecer, la famosa Industrial School la llevaba una orden religiosa que tenía mucha tendencia a imponer castigos corporales y abusar de los alumnos. De hecho, hay un cementerio en el que están enterrados muchos chicos, pero la gente no quiere hablar de ello, es un tema tabú.
Dejando aparte las tragedias, fuimos a tomarnos algo para reponer fuerzas mientras esperábamos el bus. Allí vimos que lo de que los irlandeses mayores (y un poco borrachos) se ponen a darte conversación en cualquier momento y lugar no era un tópico. Luego cogimos otro bus de regreso a Galway, ya que habíamos dejado allí nuestras maletas y teníamos que coger otro bus hasta Westport.
Llegamos a esta ciudad que veis en la foto a eso de las nueve de la noche. Hacía mucho frío, así que lo primero que hicimos fue buscar nuestro hostal: The Old Mill Holiday Hostel. Resultó ser un sitio realmente pintoresco (tengo fotos para demostrarlo). La recepcionista fue muy simpática, nos contó todo lo que necesitábamos saber sobre el hotel y la ciudad... ¡y la entendimos! ¡Por fin! ¡Una irlandesa que habla normal! Ésta era nuestra habitación:
En total había siete camas. Era como estar en una especie de granja, pero a pesar de todo estaba muy limpio y era un sitio agradable. Cenamos unas pizzas en la cocina y después salimos un rato, aunque el bar al que fuimos no inspiraba mucho. La media de edad debía de ser de unos 35 años, no había música en vivo y nadie bailaba.
El último día (el domingo) lo dedicamos nuevamente a la escalada, pero no con tanta suerte como el día anterior. El impredecible e ilógico clima irlandés nos la jugó pero bien jugada en nuestra excursión a Croagh Patrick. Hacía tanto viento que teníamos la impresión de que nos íbamos a caer de allí, por lo que algunos de nosotros abandonamos a mitad de camino. Lo que sí pudimos hacer fue disfrutar del maravilloso paisaje.
En contra de lo que yo creí, este maromo al que veis a mi lado no es Gandalf ni el Papa, sino nada más y nada menos que Saint Patrick en persona. ¿A que hacemos buena pareja?
Después de pasar frío y algo de miedo, recogimos de nuevo nuestras cosas y nos fuimos a comer en la versión irlandesa de McDonald's. El resto del día lo ocuparon las cinco horas de viaje en bus para llegar a Dublín.
En fin, una pasada de viaje. Espero poder repetirlo alguna vez con más tiempo (y sin excursiones suicidas), pues fue realmente corto. Lo que más lamento es no tener fotos de la abadía de Connemara, un castillo de cuento de hadas que sólo pude ver desde el autobús...

Chavito dijo
Veo que acabarás escribiendo una guía de Irlanda para jóvenes sin pasta. Me encanta como lo cuentas y me encanta también que te lo estés pasando pipa. Te deseo lo mejor.
Un beso desde la islita.
Xavi
9 Marzo 2007 | 08:11 PM